Se me hace muy extraño volver. Quito es como la recuerdo y al mismo tiempo ha cambiado de cara. Salgo de la casa con curiosidad y miedo al mismo tiempo. Pero entre más pasan los días esa sensación se calma...eventualmente desaparecerá.
Lo que no ha cambiado entre el acá y el allá es la monarquía absolutista de mis sueños.
Había una casa larga, rectangular, en donde habían solamente tres cuartos, uno al lado del otro. El primero era mío, el segundo estaba vacío, y en el tercero había un caballo, negro, brillante, con un matiz azulado en los ojos. Había una fiesta, en dónde estábamos tres personas: el Alicanto, yo, y un otro tipo. Nos emborrachábamos toda la noche en el primer cuarto, y mientras lo hacíamos, el caballo se salía de control en el tercero, embistiendo las paredes y saltando descontroladamente por todos lados. Decidimos irnos a dormir, y nos acomodamos los tres en la cama. El Alicanto se quedó dormido, y el otro tipo y yo nos quedamos hablando. Luego se quedó dormido, el Alicanto abrió los ojos y entendí que quería que salgamos de allí. Al levantarnos, el otro tipo salió de la cama y se fue corriendo al cuarto donde estaba el caballo, y lo escuchamos gritar. El Alicanto y yo llegamos. Él y el caballo estaban convulsionando en el suelo, con los ojos en blanco y vapor emergiendo de sus cuerpos.
Nox.
sopastrike
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2 jul 2009
10 may 2009
"Verde que te quiero verde"
Me había olvidado de lo mucho que me gustaba la lluvia. El sabor de una tormenta intensa y poderosa, como el crepitar suave de una lluvia ligera y pretenciosa. También se me había olvidado lo delicioso que es reír descontroladamente, sin márgenes y en coro.
Es curioso. Parece que después de la hibernación a la que fui forzada (o talvez simplemente llevada voluntariamente) reaprendo todo. Es como si mi piel ya no supiera sentir el calor, como si mis ojos ya no supieran ver la luz...cada sensación y cada sentimiento me parecen nuevos, apasionantes territorios inexplorados. Y cada uno de ellos es virgen, inmaculado, no llega con maletas repletas de recuerdos. Valen por sí mismos. Son mis futuros momentos pasados.
Debo decir que tampoco me desagrada que un recuerdo me visite de vez en cuando. Sobretodo si decide entrar por la nariz. El olor de los objetos, los lugares, las personas, por alguna razón son la manera más fuerte de recordarlas. Tomemos al Arlequín, por ejemplo. A duras penas recuerdo su cara. Debo forzarme para reconstruirlo visualmente en mi mente. Pero si en algún momento su aroma emerge de quién sabe dónde, es inmediato. La sangre a los pies.
Hablando de aromas, quisiera reencontrar uno en particular. El sudor de los caballos.
Nox.
Imagen:"Play" by Goldensands @ deviantART.com
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