Me miró con esos ojos, globulino,
esos ojos globulosos que desengluten
glaláctica glosarina glusífina
y yo me quedé glisílaba, mirándolo,
y la pasta dental hizo gluglú en el cepillo
y me salieron glaceaduras glisolientas, gligloglú, ¡qué glusinemia!
gloriosos globitos glosofóbicos de glucógeno glentendido.
Ay, cosa glintinina, el glontosaurio me llenó todo de rosa glarsódico
y glutenes inesperados, una jungla glauca,
y cuando todo se hubo burbujeado conglomerosamente,
el globucéfalo, con sus ojos de glaucoma,
seguía quieto mirándome desde el fondo de la bañera.
El alba golpea como el agua la roca ¡Derisión! La luz se alarga. Si me abres, al alba, la puerta hacia las escaleras caracoladas, amaneceremos de pie contra la roca que golpea el agua que azota el viento esa que está de pie donde tú cierras los ojos. ¡Invocación! El susurro es omnipresente. De lado y lado se arremolinan las piedras, resbalan, para venir a tu encuentro o para encontrar el silencio. A lo lejos las nubes acaban de parir a las nieves del dolor y a las rocas de lo desconocido.
Azul, azul cegante y brillante, y tan naranja todo alrededor! Muerte de una estrella. Regresan las nubes a recordarnos que allá atrás la noche no existe. Colores galácticos. Amor lácteo como las estrellas.
Hay que dormir en el centro, bajo el cobijo de delta.
Yo despierto en la difuminación de la seda y te pido: acaríciame como acariciarías un cocodrilo! Y me quedo tensa como un arpa, cantando dulcemente en mi viento y en el tuyo suaves vibraciones estelares sin eco alguno.
En algún momento tuve la sensación que la sombra que daban las hojas recién nacidas era azul. Troncos de proporciones estelares. Suavidad escurriendo por las raíces de los árboles.
A la espera descienden ramas de mi vientre.
[Leer poesía es, a veces, como sentarse a observar fotografías de profundidades abismales. Una imagen y sus peligrosas sinestesias, luego otra. Y entreimageneimagen descansa un universo esperando su turno]
Salgo a pasear por las calles, dejando que mis pies me lleven por paisajes laberínticos, con el sol acariciándome la nuca. Susurran los profetas por debajo de la tierra y en el canto de las aves, escúchalos! Los secretos emergen de sus escondites.
Extrañar es un acto cambiante, inestable, camaleónico. Siempre con velocidades distintas, sentidos distintos, fuerzas distintas. Azul profundo y revuelto en algún lugar del tiempo, contemplando en los espejos caminantes el reflejo de las estrellas que llueven sobre sus pestañas.
4.50 am. El cielo, dudando aún en clarear, deja escapar algunas gotas microscópicas que se disuelven en el escaso viento caliente antes de ponerse en pausa. Y entonces el aguacero comienza a caerme encima. Las calles se transmutan bajo el paso de las gotas, y yo las descubro encantada, caminando en la sinfonía solitaria de los colores cambiantes de los semáforos. Hombrecito rojo parado, hombrecito verde caminando, los ignoro, excepto cuando me regalan una sonrisa. Un auto aparece en una esquina y naufraga en la avenida. La lluvia se intensifica, convirtiendo los techos en tambores. Estoy empapada hasta los huesos en el calor fatigoso de las madrugadas que abren el verano, y soy intensamente feliz. Afuera el saco, corramos bajo la lluvia. Risas impetuosas, música en los oídos y en las entrañas.
Paso frente a una vitrina iluminada. Un maniquí vestido de rojo y púrpura me cuenta historias de amor, y de viento, y de mar, y de soles. Qué ganas de caminar en la hierba mojada...vamos a buscarla! Las gotas me acarician la frente, los ojos, los hombros, fluyen por las cejas, entran en las orejas, inundan los zapatos. La Diosa me envuelve! Los hombrecitos rojos y los hombrecitos verdes bailan al ritmo de mi risa. El cielo comienza a despertar, revelando lentamente una ciudad limpia, hermosa, que me apropié en uno de los momentos más magníficos que he vivido. Llave, puerta, desnudez, pijama, ventilador encendido, apaga la luz, cierra los ojos.
Precaución. Piso resbaloso cuando llueve.
Nox.
Imagen:"A soda's dream" by barishiman.deviantart.com