sopastrike
31 mar 2015
Quedarse sin llaves.
Son altas y de madera, incrustadas con clavos como esas puertas que guardan a los santos.
Están cerradas por dentro y arropadas en un cuerpo humano.
No hay quién las abra.
No existe contaminación alguna.
Nadie intenta tocar las puertas, y nadie pretende desde adentro abrirlas.
A veces hay quiénes distinguen las puertas y las admiran, y se les responde con cariño silencioso, pero sin más.
Una o dos veces se presenta la ocasión de volver a abrir las puertas, pero los intentos son abortados por causas exteriores.
Por curiosidad o inadvertencia, un día se envía una misión para abrir las puertas sin que éstas se enteren.
Se establece una conexión inmaterial con las puertas.
La portadora de las puertas siente en el pecho un efecto paranormal.
Se envía un comando verbal dirigido a las entrañas que arropan las puertas.
Un ábrete-sésamo prosódico.
La portadora se da cuenta del intento de incendiar las puertas.
No hay respuesta.
Las puertas desaparecen de la vista.
Se envía un grupo de mineros con sus linternas.
Las puertas se hunden en lo profundo y borran sus huellas.
Se busca a las puertas día y noche usando un detector de metal.
Se las encuentra una tarde por distracción de la portadora.
Está sentada junto a un canal y bosteza.
Se toca a la puerta.
Estado de las puertas: desconocido.
9 jun 2011
si no creo me consumo, y si creo...
Llega el momento en que concluyo que la artritis sobre el teclado no es más que vanagloria de la inseguridad.
Tantos días, tanto trabajo, y textos, y palabras, historias reclicladas e historias descartadas, miradas críticas a lo que parece ser una suerte de inhumanidad de mi escritura parabólica, tantas cafeínas que hacen regresar las telarañas a la panza de la araña para finalmente darme cuenta que en la cueva de mi mente las arañas no tienen panza (o entonces, oh desencanto, que no hay arañas!).
El día extraño en que realizo que en soledad me desmultiplico en una constelación de veinteañeras que apenas reconozco, lo entiendo hoy, y lo acepto más que nunca: mi identidad es esquizofrénica. Mírame como si me mirases a través de un kaleidoscopio, una parte a la vez, gíralo bien, ahora apúntame al ombligo, a la costilla, detrás de la oreja, porqué no todas estas mujeres en mí encuentran la poesía, porqué no todas tienen algo que contar, porqué no desaparecen y dejan de mí una versión epurada, la quintesencia mágica? Esas presencias no son negras, son planas, flacas, porqué persisten en mí? Acaso son el abanico de todos los caminos potenciales que mi mente ha imaginado, los caminos hacia donde huye cuando llega la hora del refugio cobarde? Y dónde está este narrador con respecto a ellas? Porqué las desprecio tanto!?!!
Es curiosa (y cuando me la digo a mí misma, casi trágica) esa impresión de desconocimiento honesto. Le da a las palabras un valor agregado de sicario. Se ruega al público no huír hacia los anti-establecimientos establecidos.
Esto no es lo que tenía en mente, pero ahí estuvo. Aguantarán más par la suite.
Nox.
20 ene 2010
Fiebre
Supongo que es el frío.
Me doy la vuelta bajo la cobija, bajo la cual mi cuerpo hierve. Me destapo. Mi piel se eriza, congelándose repentinamente. Me vuelvo a cubrir. Me sofoco.
Cierro los ojos bajo el manto húmedo de los párpados abrasadores. Siento el aire vibrar a mi alrededor, mi cuerpo callar bajo mi piel. Las arañas rasguñan las paredes. El techo se curva bajo las espirales verdes y rosas. Llueve dentro de mi cuarto. En mi sordera acolchonada distingo el ritmo del tambor de mis entrañas...
Nox.
25 may 2009
Derretirse
El aire caliente subía pesadamente, entrando por las ventanas, llenándome los pulmones con su espesor meloso. Como se me ha hecho costumbre estos días, me fui a llenar un vaso con hielo para morderlos mientras cumplo mi cuota de estudio frente al computador hirviente. Primer cubo a la boca. Su superficie áspera se me pegó a la lengua, antes de que el frío intenso me golpeara el paladar. Cerré los ojos, disfrutando la sensación placentera del hielo que a la vez resultaba terriblemente incómoda, casi cruel dentro de mi boca.
Vi una ventana enorme, hecha de luz. Estaba parada descalza frente a ella, vistiendo una túnica azul, y los vidrios se abrían. Aparecía un par de labios gigantes, rojo carmesí, que no había visto en el rostro de nadie antes. Sentía como si me miraran profunda y detalladamente, y tengo la impresión de que me observaron durante largo rato. La fuerza de esa mirada era tan potente que yo no podía bajar ni cerrar los ojos, que lagrimeaban para poder mantenerse abiertos. Entonces los labios se abrían, y me decían algo en un idioma que no conozco pero que entendí. Sabía exactamente lo que quería responderle. Pero no podía abrir la boca para hablar. Los labios carmesí perdieron la paciencia y se exasperaron, pero yo escuchaba mi voz limpia y clara dentro de mi cabeza aunque no la pudiera producir. Cada intento de formar una palabra resultaba en el sonido de un vidrio roto. Los labios comenzaron a contorsionarse en todos los sentidos, me aterraba, me callé. Entonces los labios se calmaron, y dibujaron una sonrisa que me provocó ganas de llorar, pero me contuve. Los labios comenzaron a hincharse, a hervir, y explotaron salpicando por todos lados petróleo caliente, que dejaba marcas en el suelo y me hacía huecos en la ropa...El cubo de hielo dentro de mi boca se había derretido por completo.
Un rato después una golondrina se metió a mi apartamento, así que me ocupé un buen momento en sacarla. Una vez la eventualidad resuelta, me volví a sentar en el mismo lugar. Segundo cubo a la boca. Lo sentí desde el momento en que llevé el vaso a mis labios, en el pequeño instante en el que respiras el aire que está dentro de él. Rompí el cubo con los dientes, petrificada. Me lo tragué lo más rápido que pude. Y no me comido nada desde entonces. El hielo sabía inequívocamente a sangre.
Domingo, el principio y el fin.Nox.