Admirar las estrellas entre dos postes de luz
«porque esto no va a durar para siempre».
Engordar y vivir, borracha de sangría y de esperas,
en el lindero del amanecer de carne y agua.
Heme aquí deshaciendo los listones azules de nuestra noche de estrellas apagadas,
adornada para ti y para nadie.
Entretanto he alumbrado al ojiazul, y al panzón, y al barbudo
he perdido mi paraguas y mis medias
y te espero, quieta, alerta y borracha
descalza en el asfalto para mirar las estrellas entre dos postes de luz
«porque esto no va a durar para siempre»
disparando en pupos ajenos a mi deseo el jugo cósmico que juntaba para ti
porque tuvimos el lugar, perdimos la hora
son las 4:57 y estoy mirando las estrellas
y borracha
y te espero
y no tengo medias ni medios
he llamado en la penumbra a tu inicial mántrica para que duerma conmigo los domingos
pero no sos vos, toc toc, no estás,
ya tú invocarás tus propios ángeles cuando amanezca
y yo dormiré adornada entre ojiazules y panzones
jugando a las pistolitas y a los lisiados y a los deseados
querido tú
te quiero
je te veux
dónde estás, pendejo
yo he reservado nuestro puesto en primera fila para esta aurora
entre dos postes de luz
«porque esto no va a durar para siempre».
Uno de los mayores errores en el camino está en pensar que el dolor nos pone en movimiento por sí solo. A veces toca a la puerta y no hay nadie en casa.
Hay instintos que desaparecen cuando se intenta demasiado compartir el alma.
El otoño sabe matar con ternura, con paciencia.
Explota la muerte en la tarde de tu vientre y sangra la montaña.
Se desnuda la muerte en las alturas y la tierra, tibia, resopla.
Caen las hojas y las calles se cubren de muerte,
Esqueletos crujientes de la primavera.
Vengo a la tierra, a la piedra, laderas de sol y vino,
Magma tan verde y tan magno que sangra, quema.
El amanecer, jadeante, llega a mí vestido de brumas,
Y yo me visto de gris para que, contra mi pecho,
Brillen algún día las copas flameantes.
La semana pasada me vi de alguna manera atrapada en un torbellino auténtico de angustia arraigada, infartante. De ella han resultado algunas cosas, entre ellas este post (que francamente no tiene que ver con nada), aunque hay muchísimo más que permanece en la trastienda del instante, fuera del ciberespacio.
Pero, en este momento preciso, cuando suena ninguna hora en particular, y por los poderes que me confiere el poder del color morado y todo su amplio espectro sobre mí, declaro lo siguiente:
Artículo Gelatinoso, Cláusula Octava: Se sugiere una dosis de "suspensión de la credulidad" (Coleridge) a quién me escuche.
Artículo del Yogurt de Limón, Cláusula Décimo Quinta: Las mentiras se cuentan con pasión, las máscaras son tesoros eternos, pero de nada sirven si no asumo mi personaje ni me tambaleo entre despojo y locura. Veneno, sólo existe por dentro.
Artículo del Ronrroneo, Cláusula Trrrrigésimo Terrrcera: Me abandono al amor. La primavera me incendia.
Artículo del Reflujo Gástrico, Cláusula Ducentésima: Se les perdona las faltas gramaticales, sintácticas y ortográficas si sus palabras florecen, viven, con toda su contundencia.
Artículo de la Espuma de la Leche, Claúsula Nonigentésima Octava: Te bebo a sorbos.
Artículo de la Pizza y el Arcoiris, Claúsula Primera: Sabes quién está en el espejo? Vuelve a mirar. Y mira otra vez.
Qué hacer del lino blanco, de las noches, de las cegueras,
de la imagen del espejo donde la ropa se te pega?
Entre paredes frescas descansaría mis hombros y nuestras sorderas.
Entre las hojas de otoño no caben ni el silencio ni el olvido,
se escapa el frío y se esconde entre mis sábanas de viento.
Los espacios desprovistos de tu olor se impregnan de muerte.
El misterio no te nutre y me desvela.
Qué hacer de los pies fríos, de la piel olvidada, de los cabellos perdidos,
del cobre brillante y de la sombra que esconde el sol para que no me encuentres?
Qué hacer de las calles húmedas del vapor de tu cuerpo,
de la soledad que se incendia,
del amanecer que anochece,
de los murmullos verdes que se encienden cuando mi lucidez naufraga?
No te escondas de la luna, amor,
no te olvides de la lluvia.
En algún momento tuve la sensación que la sombra que daban las hojas recién nacidas era azul. Troncos de proporciones estelares. Suavidad escurriendo por las raíces de los árboles.
A la espera descienden ramas de mi vientre.
[Leer poesía es, a veces, como sentarse a observar fotografías de profundidades abismales. Una imagen y sus peligrosas sinestesias, luego otra. Y entreimageneimagen descansa un universo esperando su turno]
Ser o no ser no es la cuestión fundamental porque soy hasta el final la misma cosa pero me importa recobrar la ingenuidad de poder recomenzar y que el amor responda.
No tengo idea de la dimensión de las cosas, de las transcendencias inminentes que viven en la médula de los instantes.
Aceptando la invitación a un café un jueves, acepté una cerveza, el encuentro de mi soledad con la suya, la sonrisa que me dirigió, el trance pasional pasajero, las vueltas en círculo del destino y la coincidencia, su cuerpo en el mío, mi cuerpo sin el suyo, el amor.
Lo importante no es, como se cree en la superficie, leer lo que está en letra chiquita, sino leer lo que está entre líneas.
Lo importante es que la palabra amor pierde su semantismo y se transmuta en mil formas distintas. El resto no necesita ser contado ni comentado.
Por una cabeza De un noble potrillo Que justo en la raya afloja al llegar; y que al regresar parece decir No olvidés hermano, vos sabés, no hay que jugar.
Por cierto, no existe cielo y no existe infierno. Por lo menos como tú los conoces. Yo soy cielo y yo soy infierno. Pero más importante que eso, es que soy un ave fénix, y renaceré de mis cenizas. Me acompañas?