sopastrike

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6 ene 2010

Lo que me falta

es tener la voluntad de imponerme.

Tengo miedo. Aunque racionalmente prefiero silenciarme, existe un sentimiento rugiente dentro de mí (celos?), esperando que yo deje de ignorarlo. Yo lo construí. Es mi culpa y por lo tanto mi responsabilidad.

Mientras tanto busco en cafeínas e insomnios alguna manera de mantener mis ojos abiertos: siento que si los cierro voy a ver todo derrumbarse a mis pies, en un remolino desgarrador, y que al final mis manos sólo tocarán polvo. Los fantasmas se ven pero no se tocan.

Sin embargo logro encontrar paz, conmigo y contigo.

Te amo. Por favor no respondas, me dijo.

Y no respondí.

Nox.

15 nov 2009

Duda


Tengo miedo porque las dudas me asaltan con violencia. Las dudas del reflejo del amor más que el del mío propio.

Tengo miedo porque la incertidumbre que me magnetizaba me mostró su otra cara. Me mostró con un dedo deforme que con él no se puede tapar el sol ni desaparecer las preguntas que me llueven encima como flashes que torturan mis pupilas. Propósito, ver, será que, amas, él, yo, misma cosa.

Tengo miedo y estoy paralizada, enterrada hasta el cuello en el fango del sofá sin poder dar marcha atrás ni adelante. La duda me llegó sin razón y las certezas que me quedan no parecen querer luchar contra ella por ahora. No quiero dudar, lo sé, yo sé, te sé. Me hundo, me ahogo, me duele, me rasga la ropa, me rompe los huesos. En este instante no quiero, no puedo, sólo me abandonaré a...

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.

Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los pasos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacúies y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Otra vez Oli.


Alguien tiene un tabaquito?

Nox.

11 jul 2009

"La tarde no me dijo nada. Ni siquiera me miró a la cara"


Dispersa. Disgregada. Diseminada. Desparramada. Desmigajada. Dividida. Desglosada. Desmenuzada.

De la nada me quedé sin piso. Lo que hago? Lo que quiero? Lo que respiro? Lo que amo? La ausencia de respuestas me deja atrapada en el silencio que precede el llanto. Me desespero. Yo no busqué estas preguntas ni sus inexitentes respuestas, me encontré con ellas y de repente estoy sumergida en un no se qué terrorífico. Me pesa un vaho mareante sobre el pecho.

Y esta vez sí tengo miedo.

Nox.
Imagen: "Scattered" by mapelode.deviantart.com

31 may 2009

"Cuando anochece se estremecen los pinos y no es de frío" (Benedetti)

Ya nada es como antes.
O quizá hay demasiadas cosas que aún se le parecen demasiado...

Acabo de salir de 16 horas de sueño, una cifra atroz que jamás me hubiese permitido, pero tuve un sueño que recuerdo hasta el último detalle. Fue largo, detallado, sensorial, y muy fuerte emocionalmente. Por alguna razón estaba cruzando el mediterráneo de este a oeste en un barco X, en donde también había un montón de gente conocida o desconocida, y la mayor parte de los pasajeros eran niños. Lo raro es que vivíamos todos en el barco, pero cada día cada quien iba a trabajar a donde le correspondía (yo trabajaba como jefa de restauración en el Louvre...amo la improbabilidad de los sueños) y regresábamos a almorzar al medio día y luego por las noches. Bueno, el punto es que en el barco también estaba colóquese aquí nombre de personaje de la televisión francesa (yo sé, yo sé), y ambos aparentemente estábamos juntos. En el sueño debí esperar a que ocurrieran un sinnúmero de eventualidades que no tenían nada que ver con lo que me interesaba para comprender y confirmar, con cada uno de mis sentidos en la más intensa fase del sueño paradoxal, que efectivamente los dos estábamos juntos, y con toda certeza lo que yo sentía era amor por él (paréntesis, en la vida real está lejos de ser así. Pero eso no es lo que importa aquí y ahora.).

Lo que me lleva a concluír que estoy regresando a la estética que me agradaba hace años atrás, a sentimientos que logré sentir años atrás, a palabras que no hubiese imaginado pronunciar. Ahora ya nada es como antes, y lo que este sueño seguramente dejará marcado en mi memoria durante mucho tiempo es que soy demasiado cobarde ante la soledad cuando se te presenta implacable durante un tiempo significativamente largo que parece nunca terminar. Pero lo peor es que no me desespero porque termine, de cierta forma me siento a gusto así.

Cambio de tema. El viernes por la noche me alejé tanto de la realidad que por primera vez tuve miedo de no volver. Al despertar, te das cuenta de que hay gente que pasó una peor noche que tú, y que puso en juego un poco más que su sola estabilidad mental. Todo me llenó de tristeza.

"Heureusement il y a Frida, la fille du Nord des chansons de Brel..."

Nox.

25 may 2009

Derretirse

Domingo, padre de todos los días de la semana. El fin y el comienzo de las buenas cosas. Es el día perfecto para que me ocurran bizarrerías.

El aire caliente subía pesadamente, entrando por las ventanas, llenándome los pulmones con su espesor meloso. Como se me ha hecho costumbre estos días, me fui a llenar un vaso con hielo para morderlos mientras cumplo mi cuota de estudio frente al computador hirviente. Primer cubo a la boca. Su superficie áspera se me pegó a la lengua, antes de que el frío intenso me golpeara el paladar. Cerré los ojos, disfrutando la sensación placentera del hielo que a la vez resultaba terriblemente incómoda, casi cruel dentro de mi boca.

Vi una ventana enorme, hecha de luz. Estaba parada descalza frente a ella, vistiendo una túnica azul, y los vidrios se abrían. Aparecía un par de labios gigantes, rojo carmesí, que no había visto en el rostro de nadie antes. Sentía como si me miraran profunda y detalladamente, y tengo la impresión de que me observaron durante largo rato. La fuerza de esa mirada era tan potente que yo no podía bajar ni cerrar los ojos, que lagrimeaban para poder mantenerse abiertos. Entonces los labios se abrían, y me decían algo en un idioma que no conozco pero que entendí. Sabía exactamente lo que quería responderle. Pero no podía abrir la boca para hablar. Los labios carmesí perdieron la paciencia y se exasperaron, pero yo escuchaba mi voz limpia y clara dentro de mi cabeza aunque no la pudiera producir. Cada intento de formar una palabra resultaba en el sonido de un vidrio roto. Los labios comenzaron a contorsionarse en todos los sentidos, me aterraba, me callé. Entonces los labios se calmaron, y dibujaron una sonrisa que me provocó ganas de llorar, pero me contuve. Los labios comenzaron a hincharse, a hervir, y explotaron salpicando por todos lados petróleo caliente, que dejaba marcas en el suelo y me hacía huecos en la ropa...El cubo de hielo dentro de mi boca se había derretido por completo.

Un rato después una golondrina se metió a mi apartamento, así que me ocupé un buen momento en sacarla. Una vez la eventualidad resuelta, me volví a sentar en el mismo lugar. Segundo cubo a la boca. Lo sentí desde el momento en que llevé el vaso a mis labios, en el pequeño instante en el que respiras el aire que está dentro de él. Rompí el cubo con los dientes, petrificada. Me lo tragué lo más rápido que pude. Y no me comido nada desde entonces. El hielo sabía inequívocamente a sangre.

Domingo, el principio y el fin.

Nox.